Lo que podemos aprender de Ramiro Pinilla: el valor de la honestidad

(Esta nota es lo que se suele denominar un "off-topic", un artículo que parece no tener nada que ver con la temática habitual de un blog... o quizás sí, porque si hay algo a lo que todo hombre sea cual sea su dedicación debiera aspirar es a poder recitar con honradez desde el fondo de su corazón los inmortales versos de Antonio Machado: "soy, en el buen sentido de la palabra, bueno".)

Hará ya unos 25 años que un adolescente hambriento de lectura se encontró en la biblioteca de su barrio en Bilbao una colección de ejemplares de los Premios Nadal, entre los que estaba el correspondiente a 1960, Las ciegas hormigas: la historia de una familia que sale de su caserío una terrible noche de tormenta a jugarse la vida en los acantilados de La Galea (de los que yo ya estaba enamorado en aquella época), cerca de Algorta, donde un barco inglés ha encallado y perdido parte de su carga de carbón, el combustible que trae el mar para darles calor en los meses de invierno. Recuerdo haber leído la novela de un tirón con el alma en vilo por el destino de Sebas y los suyos.

Sobre su autor, Ramiro Pinilla, apenas había noticias a principios de los años ochenta, casi podía decirse que estaba literariamente "muerto" y yo desde luego no tenía ni idea de quién era, ni de que vivía a los pocos kilómetros que separan Getxo de Bilbao (aún no se podía recurrir a Google para estas dudas).

Poco después volvería a encontrar su nombre en el mercadillo de los domingos en la Plaza Nueva del Casco Viejo de Bilbao. Por allí circulaban unos curiosos libros de una editorial, Libropueblo, que incluían un escandallo de todos los costes para demostrar que se vendían sin beneficio empresarial (un ingenuo intento de cultura popular) y como principal impulsor del asunto Ramiro Pinilla. Pero además encontré de segunda mano un ejemplar en dos tomos de Antonio B... "el rojo" (reeditada ahora por Tusquets como Antonio B... el ruso), una historia que cumplía a la perfección el precepto de Kafka que dice que un relato ha de ser como un cuchillo que rompa el hielo de nuestros corazones, porque sólo un hombre sin corazón podría no apiadarse del destino de Antonio B, y al tiempo no admirar su resistencia sin límite, su tenacidad invencible. Y desde luego sólo un hombre ciego podría no darse cuenta de que estábamos ante un escritor de primera... oculto, cuyos libros circulaban, incluso en su tierra de origen, al margen de los circuitos oficiales.

La historia completa daría para todo un libro. Unos años más tarde me trasladé a vivir a Getxo, abrí una librería (Antares), y conocí personalmente a Ramiro, descubriendo que tras el escritor y su fama de huraño y retraído había un ser humano excepcional, un ejemplo de tenacidad, integridad y sabiduría y entrega a los demás... y un tipo al que pese a llevar casi 40 años de diferencia me costaba seguir el ritmo en los paseos entre Algorta y Santa María de Getxo. Alguien a quien también en el mejor sentido de la palabra se podía definir como un maestro.

Me apunté entusiasmado a su taller literario, donde compartimos descubrimientos con Bittor Abad, Marta Barrón, María Bengoa, Mario Montenegro, Willy Uribe, y especialmente Ramón Benito, autor de la mejor definición que jamás he oído sobre la literatura: "Literatura es ir a la carnicería y pedir filete de unicornio", y Carlitos, el ser más bondadoso que nunca he conocido y del que nos privó un estúpido accidente (saludos y recuerdos a todos). Además entré a colaborar en la revistade Ramiro: Galea (histórica en Getxo), donde llevaba la contabilidad, escribía artículos, hacía entrevistas, vendía publicidad... hasta que los sicarios de ETA decidieron que el hecho de que fuera una revista apolítica era en sí mismo una agresión contra no se qué derechos de no se qué historia y nos invitaron una noche (por suerte no había nadie en el local) a probar sus cócteles molotov, terminando de un plumazo con más de 20 años de dedicación a la libertad de expresión. Pero tampoco eso podía detener a Ramiro, que si ya había luchado contra el franquismo desde la izquierda, no iba a dejar de luchar contra el fascismo de ETA desde la libertad.

Y además tenía un proyecto: Verdes valles, colinas rojas una inmensa novela de más de 3000 páginas de la que años atrás había publicado el tomo primero en su editorial Libropueblo, y que estaba a punto de terminar. Recuerdo la emoción de leer hasta altas horas de la madrugada (olvidándome de corregir las erratas) el manuscrito del tomo segundo cuando me lo dejó en la librería.

El resto es la parte pública y ya conocida de Ramiro. La editorial Tusquets (otro ejemplo de honestidad cultural de las que van quedando menos) decidió publicar en 2005 Verdes valles, colinas rojas y ya no se pudo negar la evidencia: Premio Euskadi de Novela, Premio de la Crítica, Premio Nacional de Narrativa. Ante el éxito se reeditaron algunas de sus obras anteriores y recientemente se editó la nueva novela Sólo un muerto más.

Este éxito ha ocurrido en vida... como podría no haber ocurrido nunca o haberse descubierto su obra, como en tantos otros casos, años después. No es eso lo que destacaría, lo importante es que por encima de cualquier circunstancia Ramiro Pinilla escribía su obra desde la honestidad y la coherencia personal, ajeno al reconocimiento, siendo tan fuerte como para no necesitar los oropeles y al tiempo tan seguro como para ayudar a los demás en su camino y transmitir su conocimiento y humanidad.

A tí, maestro, te dedico este homenaje por enseñarme tanto y por ser un hombre, en el buen sentido de la palabra, bueno. ¡Y que sigas escribiendo!

Más sobre Ramiro Pinilla:
Marketing Positivo, Actualizado en: sábado, mayo 09, 2009