En el límite de tu fuerza empieza tu debilidad

A mediados de los años ochenta, mientras terminaba mis estudios de marketing y comenzaba mi vida laboral y andaba decidiendo hacia dónde encaminarla, cayó en mis manos un libro que me resultó fascinante: "Casi todo lo que sé de publicidad", de Joaquín Lorente, donde aprendí entre otras cosas la importancia de la redacción de los textos publicitarios o a entender que la creatividad si no está dirigida al resultado no es efectiva.

En su página en Publicitado.com se dice:
Joaquín Lorente, nacido en Barcelona en 1943, es uno de los más importantes publicistas españoles del siglo XX. Además es escritor y catedrático. Es el expresidente del primer grupo español de publicidad. Ha sido escogido como mejor creativo publicitario de los setenta por la revista Control de publicidad. Responsable, entre muchas otras, de las campañas de Trinaranjus “Sin burbujas” y “La raza de los Simca 1.000”. Por otro lado, Lorente es fundador del grupo de comunicación que lleva su apellido y de la agencia MMLB.
(..)
Los cuatro principios en los que debe fundamentarse la publicidad según Joaquín Lorente son: La única respuesta que existe es la del mercado; Sólo hay una forma de ser aceptado por el mercado: que entiendan y valoren tu beneficio; Sólo hay una forma de que te entiendan: hablar al mismo nivel del que te escucha; Sólo hay una forma de que te valoren: construyendo día a día y sin desviaciones el máximo valor de la marca.
Joaquín Lorente acaba de publicar un nuevo libro: "Piensa, es gratis", donde recoge 84 ideas prácticas para potenciar el talento que se resumen en una muy sencilla: “Cree en ti mismo, tienes un cerebro, sácalo a pasear un rato”.

Me ha resultado muy cercano este fragmento:
Excepto el infinito, todo tiene un límite.
Multitud de grandes desastres personales, empresariales y políticos se producen porque en un momento determinado el protagonista, envalentonado de éxitos puntuales y en su ofuscación, supera el límite de su fuerza y su poder. De forma inevitable y sin excepción, cuando esto ocurre, lo que había sido constante ascenso inicia su inflexión hacia el nublado precipicio del fracaso.
Empresas que quisieron crecer demasiado rápido, personajes que chulearon enfrentándose con el poder establecido, parias mentales que se atribuyeron todos los éxitos y despreciaron la fuerza y la entrega de sus colaboradores, amantes convencidos de que en su colchón estaban los límites del universo, La lista es infinita, pero siempre tiene un denominador común: la soberbia.
Los romanos ya se dieron cuenta hace muchos siglos, y por eso, cuando celebraban sus mayores triunfos al emperador en su cuádriga le acompañaba un esclavo, que sostiendo los laureles de la victoria sobre su cabeza le recordaba constantemente la formula: "recuerda que sólo eres un hombre".
Marketing Positivo, Actualizado en: domingo, julio 19, 2009